Niñez y Nazismo: la vida de Helmuth Hübener


Introducción

Niñez y Nazismo: la vida de Helmuth Hübener

Por Darío Fernández (estudiante de Derecho – UBA)


INTRODUCCIÓN

A lo largo de la presente investigación pretenderé exponer cómo el Art. 37 Inc. a) de la Convención de los Derechos del niño[1] no se vio respetado en la situación particular del niño Helmuth Hübener, ya sea desde su detención por la GESTAPO[2] hasta su enjuiciamiento del 11 de agosto de 1942.
Lo atractivo del desarrollo del presente trabajo va a ser poder analizar un caso tan particular como el de un niño que fue condenado por la justicia nazi en una total enajenación de los derechos que a nivel mundial se le venia reconociendo a los niños, tanto a nivel normativo como en la costumbre internacional.
Siendo conciente de que se trata de un tema poco incursionado y por ende su dificultad en la obtención de fuentes adecuadas para su tratamiento, el ensañamiento sufrido por este joven merece nuestra mayor atención.
A continuación se desarrollarán diferentes aspectos que permitirán al lector entender el contexto histórico, político y jurídico en el que sucedieron los hechos. Se trataran temas como la manipulación del Derecho, el singular funcionamiento del sistema judicial por parte del Régimen Nazi y su aplicación en el caso del joven Helmuth Hübener, todo esto sin dejar de hacer una breve reseña de la evolución en el reconocimiento de los derechos del niño a nivel mundial.


ÁMBITO DE DESPROTECCIÓN

El régimen Nazi significó, para un sector de la sociedad alemana, un periodo en que no tuvo razón de ser la idea de estar amparado por un Estado, ya sea protegiendo sus derechos como garantizándolos. Existió una Alemania que no vio en éste régimen un gobierno que los dirigiera a un futuro prospero, sino un aparato autoritario que los condujera al sufrimiento y la muerte.
La llegada al poder del nacionalsocialismo en 1933 provocó que aquellos que por una cuestión biológica o ideológica, se encuentren en el mayor estado de desprotección imaginable, rehenes de una “administración racional”[3] sistemáticamente planeada para la consecución de sus fines.


EL VACIAMIENTO DEL DERECHO

Cuando Hitler logra la mayoría de los votos del pueblo alemán en enero de 1933, dio comienzo a un proceso en el que logró neutralizar las herramientas con las que cuentan los ciudadanos para poder resistir a todo ataque a sus derechos y libertades, “fue demoliendo paso a paso todo vestigio de Estado de Derecho y comenzó – a pocos días de asumir – con la prohibición de todo periódico o acto público que atacara al nuevo Estado (4 de febrero de 1933), la disolución del Poder Legislativo (28 de febrero de 1933), el establecimiento de un sistema único (14 de julio de 1933, la supresión de toda autonomía de los estados federados (enero de 1934)) y la virtual anulación del Poder Judicial a lo largo de todo ese tiempo”.[4]
Durante el período del tercer Reich existió un absoluto dominio del Partido Único, haciendo carecer al sistema de manifestaciones opositoras de importancia.; desembocando en que la escasa disidencia se concentrara en pequeños círculos conspirativos y clandestinos. Los pocos grupos que lograron organizarse para entablar una oposición al régimen fueron desbaratados y sus integrantes condenados a penas extremadamente excesivas.
Con este nuevo marco jurídico, Hitler logró imponerse con el monopolio del poder estatal. Solamente en manos del Führer descansaba el destino de la Alemania nazi; reflejo de esto lo podemos encontrar en el gran esfuerzo para poder legitimar este poder por parte de las autoridades más notables de la Teoría del Derecho en Alemania, y en las explícitas declaraciones del Ministro de Justicia Hans Frank: “No existe independencia de la ley respecto al nacionalsocialismo. En cada decisión que adopten, díganse a si mismo: ¿cómo actuaría el Führer en mi lugar? En cada decisión, pregúntense: ¿Es compatible con la conciencia del pueblo alemán?”.


EL SISTEMA PENAL DEL RÉGIMEN NACIONALSOCIALISTA

El régimen nazi volcó todo su esmero en lograr ampliar, casi sin barreras posibles, los espacios del Estado policial. Se hizo corriente la continua emisión de legislación en materia penal, dando cada vez más herramientas al aparato burocrático que se interponía notablemente por sobre las personas. Este accionar fue el que daría origen a la inminente reducción de libertades y el posterior Holocausto, primera vez en la historia en donde se ponen a disposición todas las herramientas técnicas con la finalidad de eliminar a una comunidad: En Auschwitz se ponen de acuerdo, para el exterminio de un pueblo, la política (todo un pueblo detrás de Hitler), la técnica (que ya había renunciado a preguntarse por el fin de sus aplicaciones) y la filosofía (antes de la liquidación física el idealismo alemán había procedido a la ejecución metafísica del judío, expulsándole de la condición humana)[5].
Ya en su primer año, el régimen realizó reformas en el Código Penal, donde se destaca la “Ley sobre el delincuente habitual”. En ese mismo año se obligó a la expulsión de sus cargos a jueces, abogados y profesores universitarios judíos.
Para 1934 se creo el Volksgerichtshof[6] como órgano judicial especial encargado del enjuiciamiento y condena de los actos de traición contra el Estado Nacional-Socialista cometidos en Berlín. Dos años más tarde, en 1936, se convirtió en un órgano judicial común y plenamente integrado en la planta jurisdiccional alemana. Este órgano se caracterizó por desconocer casi la totalidad de las garantías procesales a las que tiene derecho un acusado.
A mediados de 1935 se reforma el Código Penal Alemán, con la infortunada inclusión de la analogía en perjuicio del acusado. El 15 de septiembre del mismo año se dictan en Nuremberg la “Ley de defensa de la sangre y el honor alemán” y la “Ley de ciudadanía del Reich”; ambas leyes con un contenido sumamente racista.
En 1939 se comienza a aplicar el “Código Penal Especial de Guerra”, el cual era aplicable también a los civiles.
En general, el sistema penal nazi se caracterizó por ser sumamente inquisitorio, irracional y por darle cada vez más recursos al poder punitivo estatal, logrando que éste pueda avasallar al Estado de Derecho.


UN NIÑO CONTRA EL REICH

Helmuth Hübener nació en Hamburgo el 8 de enero de 1925. Era un miembro de la tercera generación de la iglesia Latter Day Saints [7] (mormones). En su infancia estuvo ligado a los Boy Scout, hasta que la institución fue abolida por el régimen nazi. Como muchos de los jóvenes alemanes de la época, se incorporó a las Juventudes Hitlerianas, donde pronto comenzó a sentirse en contra de la política oficial.
En 1941, al finalizar la escuela media, continuo su aprendizaje en la Sozialbehörde[8], institución alemana donde empezó a ser influenciado por ideas de algunos compañeros comunistas contrarios al régimen nazi. Como producto de estas interrelaciones, Hübener inicio su carrera en la resistencia, comenzando con la escucha en forma clandestina de las emisiones de radio de la BBC - un delito considerado por los nazis como traición y penado con la ejecución – de donde obtuvo la suficiente información para desarrollar su particular postura sobre los acontecimientos que sucedían en Alemania.
De las emisiones de la BBC, Hübener fue tomando conciencia que la información trasmitida por los órganos oficiales eran falsos, que se estaba manipulando al ciudadano alemán, filtrando datos viciados por la manipulación del régimen. Pudo entender que existía otra realidad, la cual debía ser transmitida al resto de la comunidad. Fue así que aprovechando su acceso a una máquina de escribir que había en la oficina del instituto en donde se desempeñaba, empezó a escribir volantes informativos donde enuncia su versión no oficial de los hechos, describiendo la situación real de la guerra. En el contenido de los volantes se podían encontrar acusaciones directas a los principales dirigentes del régimen totalitario, como Joseph Goebbels y Adolf Hitler, en donde se los tildaba de ser los mayores criminales de guerra debido a sus aberrantes comportamientos delictivos.
Sus volantes comenzaron a circular por la ciudad de Hamburgo. Pero Hübener era conciente de que necesitaba el apoyo de más personas para poder distribuir los volantes, y fue así que consiguió el apoyo de dos de sus amigos, Rudulf Wobbe y Karl-Heinz Schnibbe, quienes lo acompañaron en las escuchas de las emisiones de la BBC y ayudaron en la distribución de los volantes mecanografiados por toda la ciudad, ya sea desde lugares destinados para anuncios como de buzones elegidos al azar.
El arduo labor de esta pequeña célula de la resistencia al régimen duró poco. El 5 de febrero de 1942, en su lugar de trabajo, Helmuth Hübener fue arrestado por la GESTAPO mientras estaba realizando la traducción de los volantes a francés, para luego poder repartirlos entre los prisioneros de guerra. Fue denunciado por Heinrich Mohn, .un compañero de trabajo, miembro del partido nazi. Algunos días más tarde fueron arrestados también Schnibbe y Wobbe. Los tres jóvenes sufrieron durante su custodia un serio maltrato físico.
Desde que fueron detenidos, pasaron más de seis meses recluidos en prisión. Recién el 11 de agosto de 1942 el caso fue tratado por el Volksgerichtshof en Berlín, donde Helmuth Hübener fue encontrado culpable de la “conspiración para cometer alta traición y traidor de la promoción de la causa del enemigo”. Con la edad de diecisiete años, fue condenado a muerte y a la pérdida permanente de sus derechos civiles. Pasara a la historia no sólo por ser la persona más joven de nacionalidad alemana que fue ejecutada por el Tribunal del Pueblo, sino también por ser apenas un niño.
Fue sumamente inusual, incluso para el régimen nazista, condenar a un niño a la muerte, pero la corte argumento su decisión en que el acusado era poseedor de una inteligencia que superaba a la media de cualquier sujeto de su edad, que sumado a su amplio conocimiento tanto general como político y su comportamiento ante la corte, fuera necesario juzgarlo de esa manera.
Los abogados defensores y la madre de Hübener apelaron al tribunal para pedir clemencia, con la esperanza de que se conmutara la pena al menos a condena perpetua. Estos pedidos no fueron correspondidos, entendiendo que las actividades realizadas por el acusado significaron un gran peligro al esfuerzo puesto en la guerra, haciendo de la pena de muerte una decisión necesaria.
El 27 de octubre de 1942 fue llevado a cabo el veredicto del tribunal, procediendo a la ejecución del acusado por medio de la decapitación por la guillotina en la prisión de Plötzensee, en Berlín. Los otros dos jóvenes acusados, Schnibbe y Wobbe, debido a que Hübener se hizo cargo absolutamente de todos los delitos por los cuales fueron detenidos, fueron condenados a la pena de prisión de cinco y diez años respectivamente.


LA NIÑEZ OLVIDADA

El concepto de niñez no ha sido el mismo a lo largo de la historia de la humanidad, es más, talvez solo en los siglos recientes el hombre tuvo la capacidad de poder reconocer este tipo de sujeto diferente al de los adultos.
Como sostiene Ariés, en la sociedad medieval no existió la niñez, el niño muy prontamente podía pasar a vivir sin los adecuados cuidados de su madre o niñera.; después de los siete años de edad entraba en el mundo de los adultos.
En el siglo XVI los niños pasaron a ser como juguetes para los adultos, simplemente como objeto de diversión, pero siempre alejado de un verdadero concepto de niñez que los separe del de la edad adulta.
Un siglo después se comenzó a reconocer una diferencia entre el niño y el adulto, pero siempre limitada a una visión del primero como una versión menor aquellos últimos.
Recién en el siglo XVIII podemos encontrar una tendencia más importante a la búsqueda de un concepto moderno de niñez. El niño comenzó a ser entendido como un ser inocente auque débil. Su presencia y futuro pasó a ser motivo de atención, junto con su existencia misma. De aquí en más, el niño comenzó a ser identificado como un ser diferente del adulto, con características y necesidades propias, las cuales deben ser respetadas.
El siglo XX fue testigo del mayor esfuerzo por lograr la debida protección del niño. El 26 de diciembre de 1924 La Sociedad de las Naciones aprueba la Declaración de los Derechos del Niño. En 1948 Las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde implícitamente se incluían los derechos del niño. En 1959 la Asamblea General de la ONU aprueba la Declaración de los Derechos del Niño, en cuyo preámbulo queda plasmada la intención de otorgar a los niños un trato diferente y adecuado: “Considerando que el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento”.
Esta evolución en el reconocimiento de los derechos de los niños desembocó en la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el año 1989. Este tratado logró ser rarificado por casi la totalidad de los estados del mundo, y en el caso particular de la Argentina, es incorporado a su ordenamiento con rango constitucional.


UNA HUELLA EN LA HISTORIA

Lo determinante en el caso de Helmuth Hübener es que fue víctima del accionar de un régimen feroz, deshumanizado y completamente ajeno a las corrientes humanísticas que predominaban en el resto del mundo occidental. Este niño fue detenido, encarcelado, procesado y condenado sin distinción alguna, ningún tipo de protección especial le fue reconocido. La justicia nazi lo sometió con un accionar, si se quiere, característico de varios cientos de años atrás, pero aberrante para casi mediados del siglo XX.
En la detención por parte de la GESTAPO ya se puede percibir una ausencia de tratamiento adecuado. La Policía Secreta Alemana sometió a Hübener y sus compañeros a un serio maltrato físico, reprochable para cualquier ser humano, y más agravado aun por tratarse de niños menores de 18 años. Pero esto recién fue el comienzo de una tortuosa continuidad de violaciones de derechos.
El juzgamiento estuvo lejos de asegurar la imparcialidad y objetividad del tribunal, de buscar la verdad de los acontecimientos, de brindarle al acusado el efectivo acceso a una asistencia jurídica y de garantizarle un proceso acorde a su calidad de niño. Por el contrario, luego de meses de detención, su caso fue tratado por el Tribunal del Pueblo, en Berlín. Ese mismo que se caracterizaba por una metodología muy particular; condenaba con extrema facilidad a la pena de muerte a delitos menores o aquellos que a su celoso entendimiento consideraba peligrosos a la causa del tercer Reich.
No utilizaba fundamentos jurídicos, sólo buscaba la venganza contra todas las formas de resistencia al régimen nazi, tanto en círculos civiles como militares.
El tribunal estaba compuesto en forma casi exclusiva por funcionarios del partido nazi;
Tenía como características particulares de su funcionamiento la exclusión del derecho del acusado a poder interponer recurso alguno contra las resoluciones del Tribunal; los procesos eran especialmente sumarios y breves; los magistrados eran seleccionados directamente por Hitler y el acusado tenía prohibido la libre elección de su abogado defensor.
La decisión a la que llegó el Tribunal del Pueblo con respecto a los delitos por los que se acusó a Helmuth Hübener no respetó el contenido del articulo 37 Inc. a) de la Convención de los Derechos del Niños, al condenar al acusado a una pena cuya prohibición está manifiestamente contenida en el artículo de la misma.
Este acto del Tribunal del Pueblo quedará marcado en la historia de la “justicia nazi” como ejemplo de el accionar aberrante y desproporcionado de un régimen cuyo objetivo no era hacer justicia, sino realzar su autoridad.


CUENTA PENDIENTE

En pleno siglo XXI los grandes esfuerzos realizados por la comunidad internacional en materia de respeto de los derechos del niños aun no se pudieron ver completamente plasmados. Todavía existen Estados que no rarificaron la Convención sobre los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas. Los Estados Unidos de América y Somalia son las excepciones a nivel mundial con respecto a esta tendencia por el reconocimiento de los derechos del niño. En el caso de Somalia, el gran impedimento esta dado debido a que carece de un gobierno reconocido. Pero el caso de los Estados Unidos es aun más grabe, ya que siendo una de las potencia más grandes de mundo, y por ende exigírsele mas atención a esta importante necesidad global, no avanza por una simple inacción. Conducta que dificulta la posibilidad de que se pueda concretar la finalidad con la que se ideo este instrumento.
Pero este no es el único inconveniente con el que se encuentra un derecho tan sensible como lo es el de la prohibición de la pena de muerte contra menores de 18 años; en pleno transcurso del año 2009 existen dos países que aun siguen siendo verdugos de sus niños. Irán, desde 1990, al menos ha ejecutado a 45 de estas personas y 130 están condenadas a la pena capital en la actualidad. El otro país es Arabia Saudita, quien en lo que va del 2009 ha ejecutado a por lo menos 2 niños.


CONCLUSIONES

Luego de este humilde recorrido por diversos puntos en lo que concierne al lamentable
final que tuvo que afrontar el niño Helmuth Hübener en manos de la “justicia nazi”, entiendo que nuestra generación debe hacerse del respeto de los derechos del niño una causa propia, comprometerse en esta lucha que se encarnó a nivel internacional ya desde el siglo XX y que aun en nuestros día sigue vigente. Exigiendo que a nivel interno los Estados adecuen sus legislaciones y se comprometan efectivamente al respeto de los derechos del niño, el cambio va a ser posible; mientras tanto, una pasividad frente a los arrebatos perpetrados contra los niños que podemos ver en diferentes partes del mundo nos hace estar cada ves más cerca de tribunales inquisitivos, autoritarios y de políticas de estado completamente ajenas a las contempladas en los instrumentos internacionales que tratan sobre el tema.

BIBLIOGRAFIA
1. Pollock, L., (1990), Los niños olvidados, FCE, México.
2. Alzate Piedrahita, (2005), El “descubrimiento” de la infancia: historia de un sentimiento. En: Revista Ciencias Humanas, Colombia.
3. Rafecas, Daniel, (2004) El Derecho penal frente a la Shoá. En Revista Nuestra Memoria, Nº 23, Bs. As.
4. Zylberman A., (2006), Rassenschande, La contaminación racial, En: Revista Nuestra Memoria, Nº 27, Bs. As.
5. Traverso, Enzo, (2003), La violencia nazi. Una genealogía europea. En: Fondo de Cultura Económica, Bs. As.
6. Reyes Mate, Manuel, (2003), La singularidad del Holocausto. En: Por los campos del exterminio, Barcelona.
7. Pollock, Linda, (1990), Los niños en el pasado. Breve reseña del material escrito sobre la historia de la niñez. En: Los niños olvidados, México.
8. http://matiascallone.blogspot.com/2008/12/tres-jvenes-contra-hitler.html
Fecha de captura: 29/05/2009
9. http://en.wikipedia.org/wiki/Helmuth_H%C3%BCbener
Fecha de captura: 29/05/2009
10. http://www.consciousangels.org/
Fecha de captura: 12/06/2009
11. http://www.memoriales.net/topographie/Alemania/plotzensee.htm.
Fecha de captura: 20/06/2009



[1] Los estados partes velaran por qué: Ningún niño sea sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. No se impondrá la pena capital ni la de prisión perpetua sin posibilidad de excarcelación por delitos cometidos por menores de 18 años de edad;

[2] Policía secreta de la Alemania Nazi

[3] Traverso, Enzo. La Violencia Nazi. Una genealogía europea. Buenos Aires, 2003, p. 51

[4] Rafecas, Daniel. El Derecho Penal Frente a la Shoá. En Revista Nuestra Memoria, Nº 23. Buenos Aires, 2004, p. 10.

[5] Reyes Mate. La singularidad del holocausto. Barcelona, 2003, p. 63

[6] Tribunal del Pueblo

[7] Ultimos Dias Santos

[8] Oficina de Seguridad Social