Albert EINSTEIN y Sigmund FREUD “¿Por qué la guerra
¿Por qué la guerra?
Albert EINSTEIN y Sigmund FREUD,
con Introducción de Eligio RESTA
Barcelona, Minúscula, 2001, 97
páginas.
Fuerza de ley. El
fundamento místico de la autoridad.
Jacques DERRIDA
Madrid, Tecnos, 1997, 151 páginas.
Comentario
de Gabriel Ignacio Anitua
Publicado en NDP
2001/A, Buenos Aires.
He
tenido la suerte de asistir a la presentación que la editorial Minúscula hizo
de un libro que nace del intercambio epistolar propuesto por Albert Einstein a
Sigmund Freud a instancias de la Sociedad de Naciones en 1932. El producto de
la intervención de estos intelectuales, así como el trabajo introductorio de
Eligio Resta, es, a más de riguroso científicamente y comprometido
políticamente, un placer para la lectura.
La
pregunta por la evitabilidad de la guerra, que formula Einstein a partir de la
constatación de los fracasos de los instrumentos internacionales y demandando
respuestas sobre los posibles obstáculos psicológicos, enmarca una debate que
resulta de mucha utilidad a quienes pretendemos hacernos preguntas sobre el
ejercicio de la violencia por parte de los Estados y sobre la posibilidad de
una justicia internacional como límite a esta violencia. Einstein demuestra los
peligros de la fuerza estatal y parece indicar una posible alternativa en la
renuncia voluntaria de los Estados a una parte de su soberanía (la fuerza
estatal) y su entrega a una autoridad legislativa y judicial internacional
(mejor: no nacional) con suficiente autoridad para resolver conflictos e
imponer decisiones.
La
respuesta de Freud me parece importante de recuperar en medio del pensamiento
que en estos días se inscribe en la tradición ilustrada identificando al
derecho como el límite del poder violento o punitivo (me refiero a la
monumental obra de Zaffaroni, Alagia y Slokar, y también a la ya clásica de
Ferrajoli) y para repensar, desde una crítica progresista, la relación entre
derecho y fuerza, que pone como punto de partida Einstein y que Freud traduce a
la relación entre derecho y violencia.
Para
Freud (a diferencia de Elster) el cemento de la sociedad lo constituyen el
imperio de la violencia y los lazos afectivos entre sus miembros, y se comete
un error si se confía ciegamente en el derecho sin reconocer que éste es en su
origen fuerza bruta y que nunca podrá renunciar al apoyo de la violencia. La
reglamentación jurídica no puede resolver el problema de la violencia, por lo
que la apuesta que hace Freud por el pacifismo debe pasar por la asunción y la
negación de la propia violencia.
El
brillante y enjundioso estudio preliminar de Eligio Resta retoma críticas
–investigaciones- sobre el derecho y sobre el Estado ya difundidas también en
castellano (La certeza y la esperanza; y colaboraciones en Poder y
Control, Oñati Proceedings y en la obra colectiva Soberanía: un principio
que se derrumba). Inscribe este debate en otro más amplio y en el que el
pensamiento de Hans Kelsen, Carl Schmitt y, por supuesto, Max Weber demuestran
la importancia de mirar hacia la cultura del centro de Europa en el período de
entreguerras, que es el objetivo de la colección Alexanderplatz que inaugura
Minúscula con este volumen.
Resta
nos demuestra la actualidad del problema y señala la necesidad de percibir y
asumir la propia violencia, para posteriormente proponer un modelo de paz no
impuesto, difícil pero posible, a conseguir con el ejemplo del pacifismo de
Gandhi -que asume la violencia pero apuesta por otro código- y el de Elías
Canetti -que en la democracia representativa ve un juego de engaño a la
violencia y que puede sustituirla a condición que no nos dejemos engañar sobre
la violencia-. Esta violencia también forma parte del derecho, como surge de la
lectura del “pensante” pensador terrible Schmitt. El pensamiento de este
filósofo político conservador, católico y filonazi, creo que permite también
realizar un análisis progresista y libertario, a pesar de las duras críticas
dedicadas por Zaffaroni, Alagia y Slokar (que sin embargo no formulan a
Heidegger).
En
la misma línea de Schmitt se inscribe el trabajo Para una crítica de la violencia
de Walter Benjamin que define al derecho como demónicamente ambiguo, y que
recupera entre otra abundante bibliografía Resta. El derecho es violencia, que
aún siendo legítima no dejará nunca de serlo.
Este trabajo de clarificación y deconstrucción sobre el derecho es
también recuperado por Jacques Derrida en el segundo de los artículos
publicados en Fuerza de ley. Este libro reúne el fruto de conferencias
que pronunció en los Estados Unidos frente a estudiosos de los “Critical Legal
Studies”. En “Nombre de pila de Benjamin” analiza el texto de Benjamin que
realiza una crítica feroz al derecho y a la democracia liberal y que se
inscribe en un momento (1921) en el que el derecho de castigar adquiere una
dolorosa actualidad. Estos problemas de los años de entreguerras, por otra
parte, son muy actuales y de allí la importancia de su recuperación por
Derrida, que al poner dentro de su método de análisis las relaciones y
conceptos de derecho, justicia, poder, autoridad y violencia, parece señalar
que la verdadera justicia es indeconstructible o que la deconstrucción es justicia
(con los problemas de su insita imposibilidad).
Para
Benjamin la abolición de la violencia será conjuntamente la abolición de la
autoridad, de la ley y del poder del Estado. Y es que la violencia conservadora
de estos no es sino la representación de la violencia fundadora que es siempre
pura violencia. El mejor ejemplo de la forma Estado actuando violentamente para
conservar cierta legitimidad se observa en la policía (que Benjamin critica
junto a la pena de muerte y el parlamentarismo). Las dos formas de violencia
del derecho (fundadora y conservadora) tienen una tradición mitológica griega
que se opone, según Benjamin, a la “violencia” de Dios que en lugar de fundar
el derecho lo destruye. A pesar de todo, Benjamin cree en relaciones no
violentas entre las personas privadas y por ello fuera del orden del derecho.
En
el otro hermoso ensayo “Del derecho a la justicia”, Derrida recuerda que lo que
pretende tener fuerza de ley apela a la fuerza en el concepto de autoridad.
Considerando la tradición (en este caso francesa) de Pascal y Montaigne, pone
juntas a la justicia y a la violencia. Si se lleva a la justicia a su principio
se la aniquila. Y de esta tradición, entonces, recupera el “fundamento mítico”
de la autoridad.
Estos
libros nos muestran que, a pesar de lo que sostienen las teorías
bienintencionadas y pensantes de nuestro derecho penal, no sólo cualquier
legitimación del poder punitivo sino también cualquier legitimación del derecho
–también como límite- va a dar con la idea de la guerra.
Esto
permite profundizar este debate con una orientación progresista y no
abandonarlo en posturas “a la defensiva” sino soñar con un orden no violento y
que, como el arbitraje o mediación, se coloque más allá de todo ordenamiento
jurídico y de toda violencia. Aunque Derrida nos demuestre también la afinidad
de ello con la violencia no cabe ser del todo pesimista y se puede tener alguna
esperanza en el pacifismo militante de Einstein, estético y cultural de Freud,
cuasi religioso de Benjamin o posibilista, a pesar de todo, de Eligio Resta.